Resignificación de la Limosna

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Reproducimos la columna habitual del Obispo de Reconquista Ángel José Macín en Semanario Reconquista.

RESIGNIFICACIÓN DE LA LIMOSNA

En la actualidad, la palabra española “limosna” y su sentido no gozan de gran aprecio. En el imaginario social, suena a una ayuda otorgada con resignación, casi como una obligación, a alguna persona pobre. Puede incluir el deseo de quitarse de encima la molestia del que pide, mediante una ayuda mezquina. Indirectamente, la expresión contempla una división entre sectores sociales, que lamentablemente se sigue constatando en la estructura social de nuestro tiempo.

Sin embargo, releyendo la Palabra de Dios, descubrimos que la palabra limosna, en su tenor original, tiene un sentido más positivo. El vocablo griego “elemosyne” (limosna) deriva de la raíz “eleos”, que significa compasión y misericordia. Aquí ya estamos en otro terreno. No se trata de dar lo que sobra, o por simple obligación, sino de una donación que surge de una actitud interior, que tiene que ver con orientar la mirada y el corazón hacia el sufrimiento del hermano. La limosna, vivida desde esta perspectiva, adquiere otro sentido.

Puede ser útil repasar algunos textos bíblicos en esta línea: en el mensaje de Jesús, la limosna puede ser expresión de una verdadera religiosidad y una condición para el acercamiento a su reino (cf. Lc 12,12-13). También es indicio de quien camina hacia la perfección (cf. Mc 10,21). El modo de practicarla también es importante. No se trata de demostrar que uno ejerce la limosna, sino de hacerlo; incluso en secreto, ante la ineludible mirada del Padre Celestial (cf. Mt 6,2-4).

También en la escena del juicio final de Mt 25,31-46 se enumeran una serie de acciones que coinciden, en buena media, con lo que nosotros entendemos por limosna. En esta contundente página bíblica se habla de la presencia escondida de Dios en el rostro del hermano que necesita de nuestra ayuda inmediata. Así, dar de comer al hambriento, o dar de beber al sediento, se transforman en acciones que contienen una trascendencia insospechada.

Los escritores cristianos de los primeros siglos siempre tuvieron presente este vínculo entre misericordia y limosna. Así, San Agustín, consciente de esta conexión profunda entre estos dos conceptos, afirmaba: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aun cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna” (Enarraciones de los Salmos, 5). Otro tanto se puede decir de San Pedro Crisólogo, cuando señala en forma lapidaria: “La mano del pobre es el gazofilacio (alcancía) de Cristo, porque todo lo que el pobre recibe es Cristo quien lo recibe” (Sermón VIII, 4).

Más recientemente, el Papa Francisco destacaba el valor de la limosna, al comentar, en su homilía del miércoles de ceniza, los actos de piedad propios de la cuaresma. Decía: “(la limosna)…indica la gratuidad, porque en la limosna se da a alguien de quien no se espera recibir algo a cambio. La gratuidad debería ser una de las características del cristiano, que, consciente de haber recibido todo de Dios gratuitamente, es decir sin ningún mérito, aprende a dar a los demás gratuitamente. Hoy con frecuencia la gratuidad no forma parte de la vida cotidiana, donde todo se vende y se compra. La limosna nos ayuda a vivir la gratuidad del don, que es libertad de la obsesión de la posesión, del miedo de perder lo que se tiene, de la tristeza de quien no quiere compartir con los demás el propio bienestar” (Francisco, Homilía Miércoles de Ceniza 2016). Es cierto, sin embargo, que el pontífice advierte muchas veces sobre el riesgo de una limosna vivida como algo meramente externo y aparente, para tratar de cubrir otras acciones negativas para con el prójimo. La limosna no es un modo de mejorar la imagen. Tiene que brotar de una religiosidad límpida, y más profundamente, de la experiencia de ser alcanzado por la misericordia del Padre.

De esta manera, en el año de la misericordia, y de un modo especial en este tiempo de cuaresma que estamos transitando, todos nos podemos sentir invitados a recuperar el sentido genuino de la misericordia y de la limosna, como expresiones concretas de dicha experiencia del amor compasivo de Dios. No se trata de dar alguna sobra, o cuando no nos queda otro alternativa. Se trata de redescubrir el valor de la limosna como un modo de salir al encuentro del otro y, en última instancia, de salir al encuentro del mismo Cristo, quien se hizo pobre para abrirnos el camino de la salvación.

A la limosna la podemos vivir individualmente, como un acto estrictamente inter-personal. También la podemos desplegar organizadamente, a través de acciones solidarias conjuntas, que apuntan a paliar la situación de necesidad de otros hermanos. En este sentido, quisiera recordar que durante la cuaresma, en la Iglesia Diocesana de Reconquista, desde hace casi dos décadas, se realiza una colecta muy especial, que es llamada “colecta del uno por ciento”.  La misma es organizada por Cáritas, aunque ya es patrimonio de toda la comunidad diocesana, y consiste en privarse de alguna cosa necesaria durante la cuaresma para darlo a los otros, u ofrecer el uno por ciento de los ingresos, para destinarlo a un fondo común que se utiliza para ayudar a los demás.

¿Qué se hace con lo recaudado cada año en las distintas parroquias? Se recoge en Cáritas y se redistribuye a las diferentes parroquias, para que los recursos sean destinados a la construcción de baños dignos, arreglo de viviendas, o se procure paliar otras urgencias de algunas familias de escasos recursos. Todo llevado adelante y supervisado por un equipo interparroquial. Uno se podría preguntar: ¿para qué tanto movimiento? ¿No bastaría con que cada parroquia lo hiciera? Dos cosas explican el carácter diocesano. Por un lado, es un signo de comunión y de solidaridad de toda una Iglesia Particular. Por otro, solo reuniendo los montos de distintas parroquias se pueden llevar a cabo proyectos que una sola comunidad no lograría plasmar.

Este año, dicha colecta se realizará el fin de semana del 12 y 13 de Marzo en todas las parroquias del territorio diocesano. Ya se están distribuyendo los sobres donde cada uno puede colocar su colaboración. En los mismos está escrito el lema que acompaña este gesto penitencial: “Un poco de misericordia cambia el mundo”. El lema va acompañado con otros datos. Por ejemplo, en el reverso se pueden leer alguno de los rubros a los cuales se destinan los fondos obtenidos. Puede que no te interese esta invitación. Pero si sientes en tu corazón que puedes ofrecer algún aporte y colocarlo en la “alcancía” de Cristo, te proponemos una ocasión magnífica de hacerlo.

 

+ Ángel José Macín
Obispo de Reconquista