Mes de la Biblia

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Columna semanal del Obispo de Reconquista, Ángel José Macín, en Semanario Reconquista.

Obispo Ángel José Macín 
Semanario Reconquista

El mes de setiembre es apreciado en nuestro norte santafecino. Es el mes del comienzo de la primavera, la estación más linda del año. Se realizan muchos eventos para los jóvenes, como la estudiantina. Los jardines de las casas y las calles de la ciudad se van poblando de flores, con los lapachos como emblemas. A nivel de la vida de la Iglesia, se hace la peregrinación a Itatí, un evento masivo y muy sentido, que este año reunió a más de trescientos mil jóvenes de toda la región.

Entre todas estas cosas, también el mes de setiembre es el mes de la Biblia. ¿Qué significa eso? Que durante un mes se llevan a cabo diferentes iniciativas para conocer, leer, interpretar y vivir mejor la Biblia, que contiene la Palabra de Dios.

Una iniciativa frecuente en este tiempo dedicado al Libro de la Palabra de Dios es su difusión. Hace poco más de sesenta años atrás, los cristianos católicos no conocíamos casi la Biblia. Otros grupos reformados le daban más importancia y nos aventajan en el conocimiento de la misma, incluso hasta el día de hoy. Por eso, desde hace algunas décadas, se inició una campaña que se sostiene hasta el presente, para que en cada familia, o mejor, cada persona, pueda tener una Biblia para leer y encontrar alguna luz para su vida.

Con el paso de los años se vio que con la difusión de la Biblia no alcanzaba. La Biblia es un libro que fue escrito hace siglos. Por lo tanto, se necesita de información y formación para leerla de un modo apropiado y provechoso. Hace unos veinte años atrás, vivimos un intenso período de formación bíblica. Se organizaban cursos, encuentros. Se escribían subsidios para ayudar a la comprensión de las Sagradas Escrituras. Hoy este entusiasmo ha disminuido un poco. Quizá tengamos que recuperar parte de estas acciones, porque mucha gente lee la Biblia pero no termina de entender e interpretar convenientemente su contenido.

En estos últimos años fue surgiendo otra iniciativa en relación a la Biblia. Se la llama “animación bíblica” de la acción evangelizadora, y consiste que la Biblia sea el punto de partida de muchas de las actividades que se llevan a cabo en la Iglesia y en las comunidades. Se parte del principio, de la premisa de que la Biblia es como el alma de la vida del cristiano y de la comunidad, y por eso tiene que impregnar todo lo que se hace y se vive.
El mes de la Biblia tiene la función de recordar y alentar estas iniciativas, ayudando a los cristianos a recordar la centralidad de la Palabra de Dios para su camino.

¿Qué consejos o recomendaciones tener en cuenta para que la Biblia pueda ocupar el lugar que le cabe en la Iglesia y en la vida cristiana?

En primer lugar, conseguir una Biblia, si es que no la tenemos. Es un paso básico, pero fundamental. Si no poseemos los medios para conseguirla, hay en nuestras comunidades diferentes modos de adquirirla. Pero no basta con conseguir una Biblia. También es importante conocer que traducción elegimos. En eso nos pueden aconsejar los sacerdotes, u otros cristianos que trabajan voluntariamente en la Iglesia. Como la Biblia fue escrita en idiomas antiguos, hebreo y griego, es necesario traducirla. Y no todas las traducciones son comprensibles. Tenemos que buscar una que se adapte a nuestro modo de hablar, de expresarnos.

Un segundo consejo es dedicar tiempo para leer la Biblia, sea personalmente como también en comunidad. De las dos formas necesitamos hacerlo. La lectura personal ilumina nuestro camino, nuestra vida presente. La lectura comunitaria nos enriquece mucho con la experiencia de los otros. Las otras personas son como el eco de la Palabra de Dios para nosotros. Sería ideal que también en la familia pudiéramos leer la Biblia. Entiendo que no es fácil encontrar los tiempos adecuados. No siempre tenemos los mismos intereses. Pero los frutos que produce la lectura de la Biblia en una familia son insospechados.

Para muchos con eso alcanza. Otros, sin embargo, necesitan conocer un poco más el sentido literal de la Biblia, para interpretarla y vivirla mejor. Para esto hay mucho material. Libritos, folletos, que nos ayudan a entender el sentido de algunos textos, sobre todo, aquellos que fueron escritos con códigos literarios distintos a los que utilizamos en la actualidad.

Otro aspecto muy importante es la práctica de aquello que leemos. No basta con conocer lo que dice Jesús. Es necesario tratar de practicarlo, de vivirlo. El mismo nos dice todo esto con la imagen de la casa edificada sobre roca. Si nos acostumbramos a leer la Biblia como un libro más, pero sin tratar de traducirlo en nuestra vida, a la larga eso no nos hace bien y perdemos la alegría del conocimiento de la Palabra de Dios.

Respecto de todas estas cosas, puede resultar iluminador meditar con algunas reflexiones del Papa Francisco, dirigidas a los jóvenes alemanes, al prologar una Biblia:

“¿Quieren hacerme feliz? ¡Lean la Biblia! Mis queridos jóvenes amigos, si ustedes vieran mi Biblia quizás les sorprendería. Dirían: ¿Qué? ¿Esta es la Biblia del Papa? ¡Un libro así viejo, así de desgastado! Podrían también regalarme una nueva, quizás también una de 1.000 euros: no, no la querría. Amo mi vieja Biblia, aquella que me ha acompañado la mitad de mi vida. Ha visto mi alegría, se ha mojado por mis lágrimas: es mi inestimable tesoro. Vivo por ella y por nada del mundo la apartaría de mí”.

Hermosas palabras las de nuestro Papa Francisco. Cuanto aprecio por la Palaba de Dios. Cuanta vida transcurrida, ofrecida, en el cauce de la Palabra de Dios! Espero que esta experiencia, y tantas otras iniciativas llevadas a cabo en el mes de la Biblia, nos animen a cultivar el trato asiduo con la Palabra de Dios. En ella nos espera Jesús, el único capaz de darle un sentido a nuestra vida.

¿Queremos hacer un auténtico acto de misericordia en este tiempo? Podemos regalar una Biblia a quien no la tiene o la está necesitando. ¿Queremos conocer más a Jesús, vivir mejor la vida cristiana? Basta con leer la Biblia, y tratar de vivir, al menos alguna palabra que ella nos propone.