Los cuidados esenciales para proteger a los niños del sol

Los menores viven un proceso de maduración continua y su piel es más vulnerable que la de los adultos.

Este momento del año constituye un período muy especial en relación a los esfuerzos orientados a la prevención del cáncer de piel. Durante el mes de noviembre, desde hace 23 años que la Sociedad Argentina de Dermatología impulsa la Campaña Nacional de Prevención de Cáncer de Piel que insta a la comunidad a concurrir a un amplio listado de centros de salud tanto públicos como privados para chequear sus lunares.

“Básicamente, lo que se quiere es identificar a los pacientes con mayor riesgo de presentar cáncer de piel, invitarlos a que hagan consultas más seguido y poder lograr la detección precoz de las lesiones cutáneas malignas”, detalló la doctora Agustina Lanoël, médica dermatóloga pediatra del Hospital Garrahan y del Centro Paidedia.

Lunares: ¿De nacimiento o adquiridos?

Según la especialista, todas las personas nacen con un 1% de los lunares que tendrán a lo largo de su vida. “Cuando vemos a un bebé, en general, no tiene lunares. Hay un pico que se da entre los tres y los seis años, que es cuando el chico ya recibió las primeras exposiciones al Sol en la que empiezan a salir lunares”, señaló la especialista.

En esta etapa, las mamás se acercan a la consulta con el especialista y expresan su preocupación por la aparición de estas marcas nuevas en la piel de sus hijos. Frente a esta situación, “les explicamos a las madres que sus hijos se van a parecer a ellas de grande y que también tendrán sus lunares cuan sea grande. En otras palabras, un niño va a tener lunares cuando sea adulto”, amplió.

Existen otros momentos de la vida en los que aparecen nuevos lunares o se producen cambios de tamaño en algunos que ya estaban, como en la adolescencia y el embarazo. “Los lunares van a seguir saliendo y, cuanto mayor sea la exposición solar, más van a aparecer”, sintetizó.

Ante cualquier lunar que llame la atención o se vea diferente del resto, se debe buscar la opinión del dermatólogo (istock)

Señales de alarma

Existe un tema que preocupa tanto a médicos como a pacientes y es que, más allá de los controles anuales de la piel y los lunares, se pueda detectar por simple observación aquellos signos que motiven la consulta precoz con el especialista. “Al margen de lo que se observa regularmente, hay algunos signos que se pueden ver en un lugar y que lo vuelven atípico o distinto de lo que consideramos común o normal”, indicó la doctora Lanoël.

Dentro del parámetro de normalidad a observar de los lunares, se espera que tenga un tamaño menor a seis milímetros y que sea simétrico, es decir, que si se lo dividiera en partes y que estas pudieran ser iguales o “espejadas”. Otro elemento a tener en cuenta es el de su coloración, que debería ser de una tonalidad única y uniforme. “Cuando tienen dos o tres colores, eso es un motivo de consulta. Cuando evolucionan, es decir, que desde su aparición cambié de color, forma o tamaño es otro momento para que los revise un especialista, también si se lastiman o si, de pronto, comienzan a picar. En general, a las madres les suelo recomendar que, ante cualquier lunar que les llame la atención o vean diferente del resto, busquen la opinión del dermatólogo. En los adultos, más aún”, detalló la experta.

Estos elementos son fundamentales a tener en cuenta para no dejar pasar un año para chequear estos lunares y buscar la consulta precoz con el dermatólogo. A través de este examen, que se puede hacer a los niños o uno mismo frente al espejo con mucha luz se debe controlar los cinco signos que se resumen en los que se denomina ABCDE: asimetrías, bordes, color, diámetro y evolución. Cualquier cambio de estas características se lo considera signos de alarma, al igual que se presenta sangrado, picazón, molestias o dolor, hinchazón, aumento de la consistencia y progresión del color de un lunar a la piel adyacente.

“Todas las campañas, como la que impulsa la SAD en la Argentina y las que se llevan a cabo en el resto del mundo, estimulan la toma de conciencia. El lunar se ve y eso constituye un privilegio ya que nos permite hacer un diagnóstico precoz de tumores que, con una simple cirugía, se curan”, señaló la doctora Lanoël.

El Sol y los lunares

Una de las principales preocupaciones que llega junto con la temporada de clima cálido y días más largos es la del Sol en relación al estímulo de un lunar y que este se haga maligno. Sin embargo, de acuerdo a la especialista, es necesario aprender a convivir con este cuerpo celeste del que dependemos para recibir calor, liberar endorfinas y producir vitamina D. “Si planteamos la campaña ‘El Sol está prohibido’ no nos sigue nadie. Lo que debemos hacer es pactar con nosotros mismo una exposición segura”, agregó.

Las pautas de cuidado ante el sol son uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta para preservar la salud dermatológica de los niños. Actualmente hay un cambio muy importante respecto a décadas anteriores, y se ha logrado mayor conciencia sobre la importancia que cabe a la protección solar de los niños y de toda la familia. El dermatólogo puede ayudar a reconocer el tipo de piel y aconsejar en los cuidados que cada niño necesita. Hay que tener en cuenta algunos cuidados básicos fundamentales, sobre todo en épocas cálidas cuando la piel de los niños está más expuesta al sol.

El uso de fotoprotectores, por ejemplo, está aprobado solamente a partir de los 6 meses de vida. Sin embargo, aún con la protección adecuada, no se recomienda exponer al sol de manera directa a menores de 1 año de edad.

Dentro de las principales pautas de “buena convivencia con el Sol”, la experta recomienda “evitar la exposición entre las 10 y las 16 horas, usar ropa adecuada y gorra para protegerse, que los chicos se acostumbren desde temprana edad a usar gorros como los ‘pilusos’, a preferir la sombra y tomar precaución en la playa que tanto el agua como la arena reflejan los rayos y aumentan la gravedad de la exposición”.

Los factores de protección Solar

El factor de protección solar mínimo aceptado en niños es 15, pero se sugiere el uso de productos con factor de protección más alto, por lo menos mayor a 30. También durante los primeros días de exposición conviene utilizar productos con un factor de 30. Es importante que el producto elegido sea de buena calidad y de marca reconocida, resistente al agua y de amplio espectro, es decir, que proteja contra los rayos UVA y UBV.

Las pieles claras necesitan un factor de protección solar mayor que las más oscuras. Siempre es aconsejable realizar una consulta al dermatólogo infantil o al pediatra para que éste indique el fotoprotector adecuado tanto al tipo de piel como a la edad de cada niño.