A casi 150 años de la implacable epidemia, reaparece la fiebre amarilla

El médico e historiador, Héctor Berra, explicó el contexto y los orígenes de la enfermedad que cuando se desató en el país mató a 14.000 personas

Al cumplirse casi 150 años de la epidemia de fiebre amarilla, la enfermedad vuelve a aparecer con fuerza en el sur de Brasil, Paraguay y zonas lindantes con Argentina. Hoy como ayer, la angustia se adueña de las poblaciones afectadas. Rosario 3 consulto al médico e historiador Héctor Berra, quien analiza el contexto y la época en la que estalló aquella epidemia que dejó en nuestro país más de 14.000 muertos.

El especialista explicó que el 27 de enero de 1871 se registraron en Buenos Aires las tres primeras víctimas de la llamada fiebre amarilla. Pese a que se intentó ocultar la gravedad de la situación, la misma fue avanzando rápidamente, mientras la población huía aterrorizada. Entre los fallecidos y los que se fueron, los 190.000 habitantes que poblaban el casco urbano se redujeron a 60.000.

“Las zonas más afectadas fueron las del barrio de San Telmo. donde había muchos conventillos de inmigrantes. Las viviendas, precarias, carecían de servicios básicos, siendo las condiciones sanitarias escasas o nulas, y además las familias vivían en hacinamiento”, relató Berra.

Por aquel entonces, las autoridades sanitarias temían que la puerta de entrada de la enfermedad fuera la de los pasajeros de los barcos que llegaban al puerto de Buenos Aires desde Brasil, ya que se habían registrado brotes circunscriptos por esa vía en los años 1850, 1852, 1858.

“Pero la que estalló en 1871 tuvo un origen diferente”, afirmó Berra, y agregó que al parecer el foco infeccioso estaba ubicado en Asunción del Paraguay, lugar donde se desconcentraban las tropas de paraguayos, argentinos y brasileños que regresaban a sus países después de combatir en la Guerra de la Triple Alianza.

“En el caso de los soldados argentinos, fueron conducidos por el General Julio de Vedia hacia territorio nacional, acantonándose en Corrientes y en el norte de Santa Fe, lugares donde si bien no se conocen cifras de decesos, las defunciones superaron en mucho la media”, explicó.

Mientras tanto, la alta tasa de mortalidad que ocasionaba la enfermedad en Buenos Aires (se pasó de 20 decesos diarios a 50), obligó a las autoridades a construir un nuevo cementerio para el que se debieron comprar 14 hectáreas.

A la fiebre amarilla la trasmite el aedes aegypti, el mosquito que en la actualidad contagia, entre otras enfermedades el dengue. Y hoy recobra actualidad ante la irrupción, como a finales del siglo XIX, de focos de fiebre amarilla en Paraguay y Brasil.