Cambiar la rutina matutina ayuda a terminar con la procrastinación

Uno sabe que aferrarse a una buena rutina matutina puede fijar el tono para todo el día. Por eso me gusta terminar mi primer artículo del día antes de ninguna otra cosa. Es un hábito que me ha convertido en un periodista exitoso. Pero una rutina matutina no cubre todo lo que necesita hacer. Y a veces una rutina realmente efectiva puede ser una distracción de cosas importantes que no ha hecho.

Ese fue mi caso el año pasado. Advertí que durante varias semanas tres cosas de mi lista diaria quedaban sin hacer: estudiar francés, expandir mi vocabulario (en inglés) y leer. No cumplir con estos proyectos me estaba quitando confianza en mí mismo.

Por lo que eventualmente decidí salirme de una rutina matutina y encarar una nueva estrategia.

Al principio trataba de “darme manija” por la mañana, asegurándome que decididamente lograría avances con esas tres metas importantes en algún momento. Pero eso no funcionaba. Siempre me encontraba haciendo todo menos las cosas que había postergado.

Para no sentir la presión, intenté darme un descanso de un mes de la exigencia de avanzar hacia esas tres metas de desarrollo personal. Pero en vez de sentirme menos presionado, me sentí muy mal. Cuanto más esperaba, tanto más me pesaba el haraganeo. No importaba que había estado logrando grandes cosas en el mundo de la escritura o que venía transformando las vidas de personas en mi carrera como asesor. De todos modos me sentía inepto.

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Esas tres cosas que no había hecho me estaban volviendo loco y sabía que tenía que hacer algo. Entonces se me ocurrió: por qué no armar una rutina matutina temporaria, algo que podría usar por un tiempo y luego eliminar y rearmar regularmente.

“Si se gana la mañana, se gana el día.” Por más que suene como una frase hecha, es el lema con el que vivo como trabajador independiente. Por lo que cambiar mi rutina matutina de manera continua me dio inicialmente una sensación de ansiedad, a pesar de que en teoría podía ver su atractivo. Al fin de cuentas fue lo que me permitió mudarme de la casa de mis padres cuando tenía poco más de 20 años. Aún necesitaba escribir ese artículo temprano por la mañana para sentirme bien, o por lo menos así lo creía.

Pero los hechos me decían que no podía hacer las dos cosas; tendría que elegir. Por lo que invertí la fórmula completamente: dejé de lado mi rutina matutina y abordé el francés y la lectura como las primeras actividades del día. La diferencia fue inmediata. Se me quitó un peso de encima. Libre de mi ansiedad, de pronto encontré la inspiración que me había eludido por un mes. Y cuando me sentaba a escribir por la tarde, escribía mejor, asesoraba mejor. Y, paradójicamente, parecía haber encontrado más tiempo en el día.

Nuevo hábito

Desde entonces se me ocurrieron algunas reglas básicas que me permiten cambiar mis hábitos matutinos cuando encuentro que estoy postergando algo a lo que quiero prestar atención.

Cada domingo dedico 30 minutos a reflexionar sobre las principales cosas que no he hecho pensando en las semanas por delante. Pueden ser proyectos que no he comenzado, gente con la que no me he conectado, libros que no he leído, hábitos que he perdido, cualquier cosa que pase por mi mente. Luego creo una lista de prioridades: las tareas que más he postergado o las que más me asustan, esas van primero.

Una vez que tengo esa lista de prioridades -y es intencionalmente corta, por lo general de no más de tres o cinco ítems- me propongo hacerlas antes del mediodía cada día de la semana, de lunes a viernes. De ese modo tranquilizo mi conciencia. Se exactamente lo que tengo que hacer para sentir que he cumplido cada semana y tengo el impulso para hacer el resto de las tareas del día sin problemas.

Es cierto que las rutinas nos dan estabilidad. Y como dependemos tanto de ellas, cambiarlas puede causar mucha ansiedad. Pero he descubierto que los resultados son más importantes que la forma en que se componen las rutinas mismas y para obtener resultados de modo sistemático, necesito hacer las cosas que vengo postergando desde hace más tiempo al comienzo del día.

Al fin de cuentas, las cosas que posterga cambiarán. Y lo mismo debe suceder con sus hábitos matutinos. ¿No me cree? Pruébelo.

Daniel Douling