Por qué en Netflix casi no hay clásicos del viejo cine de Hollywood y Europa

Y qué significa eso para la historia y el futuro del cine, ya que lo que no está disponible online esencialmente no existe

En este momento el gigante del streaming ofrece 43 películas realizadas antes 1970 y 25 realizadas antes de 1950. La época de oro de Hollywood sólo está disponible en el servicio de DVDs, que cada vez menos gente mantiene —actualmente, un 4% de todos los suscriptores— por tratarse de un soporte ya casi reliquia. Desde que comenzó sus producciones originales, y sobre todo desde el éxito de House of Cards, Netflix cambió el criterio de su catálogo.

“Es el tipo de selección de clásicos que uno se hubiera esperado encontrar en un videoclub decrépito de 1993, no en la plataforma líder de entretenimiento que alcanza a unos 100 millones de suscriptores globales”, comparó Zach Schonfeld en Newsweek.

El autor del polémico artículo tomó el nacimiento del CEO y cofundador de Netflix, Reed Hastings, 1960, para buscar en la plataforma de streaming clásicos de ese año. Encontró que fue el año en que Psicosis, de Alfred Hitchcock, aterró al público con un grito que todavía se escucha, y que dejó como spin off una serie de 2013, Bates Motel. También en 1960 Billy Wilder dirigió a Jack Lemmon y Shirley McLaine en la comedia Piso de soltero y que Stanley Kubrick estrenó su épica Espartaco.

“No hay películas de Hitchcock en Netflix. No hay clásicos de Sergio Leone o François Truffaut”, reveló Schonfeld. La empresa ni siquiera mantuvo su acuerdo con Criterion Classics, que en 2011 se unió a Hulu. “Con lo que no está disponible en Netflix se podría llenar un libro largo de estudios cinematográficos”.

Stephen Prince, profesor de esa disciplina en Virginia Tech, dijo al semanario estadounidense que este presente inquietó a los fanáticos del cine y a los académicos hace tiempo ya, cuando Netflix comenzó a eliminar gradualmente su enorme catálogo de películas en DVD, para reforzar su tarea pionera en el streaming. “Ahora vemos el peligro inherente a este cambio: un énfasis en las películas contemporáneas convencionales que reemplazó lo que había sido un amplio archivo del cine mundial”.

Sobre sus alumnos, observó, pesa la enorme influencia de las películas nuevas y del streaming en dispositivos móviles. “Lo que no está disponible para ver online no existe, en esencia. Tuve estudiantes que me preguntaron si estaba bien que mirasen Vértigo en YouTube”, dijo.

Otras plataformas en línea mantienen un repertorio amplio del cine clásico. Amazon, por ejemplo; pero cobra desde USD 2,99 por película. Quienes tienen el servicio Prime pueden ver una cantidad limitada del gran cine pasado, pero para ver algo más allá del listado que les corresponde también tienen que pagar aparte.

Cuando Netflix comenzó, en 1997, con un modelo de envío por correo de DVDs, sedujo de inmediato a las personas hartas de pagar multas por atraso en la devolución de las películas. Diez años más tarde había enviado más de 1.000 millones de DVDs.

Y si bien así se dio un cambio revolucionario en la industria del entretenimiento, “el parteaguas probablemente fue en 2013, cuando la primera obra de programación original de Netflix, House of Cards, se convirtió en un éxito crítico y comercial”, conjeturó Schonfeld. “Cuatro años más tarde, Netflix gasta USD 6.000 millones para agregar contenido original y comprado”.

Aquella biblioteca digital se convirtió más bien en un estudio. “El poder universal del aburrimiento garantiza que cualquier parte de la programación de Netflix tendrá millones de espectadores simplemente en virtud de llenar la página de inicio de Netflix”, agregó.

El respetado crítico Leonard Maltin le comentó: “Ya no se concentran en brindar un servicio a su antigua base de clientes. Francamente, por eso guardo todos mis DVDs. Y es una molestia, porque ocupan mucho lugar”. Pero prefiere perder espacio antes que las obras mayores del cine filmadas en el pasado.