La intervención de Rajoy desata una fractura total con Cataluña

En una medida sin precedente, envió al Senado su plan para desplazar al gobierno regional y llamar a elecciones; Puigdemont, que lideró una masiva marcha, lo calificó como el peor ataque desde la dictadura

La política española entró en fase crítica. En una medida sin precedente, Mariano Rajoy anunció un plan para destituir en pleno al gobierno separatista de Cataluña, reemplazarlo por sus funcionarios y llamar a elecciones en no más de seis meses. La intervención, más extrema de la esperada, debe ser aprobada por el Senado.

El líder catalán, Carles Puigdemont, dijo que resistirá y el separatismo tildó la intervención de golpe. Convocó al Parlamento, pero, con deliberada ambigüedad, se abstuvo de anunciar si en él promoverá la independencia. Tras el discurso de Rajoy, 450.000 personas se manifestaron en Barcelona.

La inédita intervención de Cataluña se aplica en el marco del artículo 155 de la Constitución española. Pero no será operativa hasta que la vote el Senado, el próximo viernes. Según especificó Rajoy, tiene como objetivo llamar a elecciones regionales en algún momento “dentro de los próximos seis meses”.

Nunca, hasta ahora, se había dado un paso tan drástico con una tensión separatista. España entró ayer en territorio desconocido para sus 40 años de democracia. Es una nueva etapa en la relación de las autonomías con el poder central.

El gobierno separatista no esperaba tanta contundencia. La presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, habló de un “inaceptable golpe de Estado” y asimiló a Rajoy con el pasado de la dictadura de Francisco Franco, muerto en 1975.

Puigdemont no llegó tan lejos en su lenguaje. Dijo que fue “el peor ataque a las instituciones y al pueblo de Cataluña desde la dictadura”, pero no habló de golpe de Estado. Y fue deliberadamente ambiguo a la hora de definir sus próximos pasos en materia institucional.

Convocó al Parlamento para actuar ante el 155, pero no mencionó la intención de declarar la independencia en ese pleno. Una vez más, las imprecisas palabras de Puigdemont dieron para todo tipo de interpretaciones. Algunos la leyeron como una antesala de la declaración de república. Otros, como una forma de ganar tiempo para encontrar una salida que no lo enfrente a esa declaración y a la consecuente posibilidad de ser juzgado por rebelión, un delito al que le podrían caber hasta 30 años de prisión.

Madrid tiene “un propósito liquidador” de la autonomía catalana, dijo el líder separatista. Sí escenificó la idea de “resistencia” a la intervención al ponerse al frente de una masiva marcha de por el centro de Barcelona. En una clara señal de la intención de poner a la calle y a la movilización popular como barrera, sereno y sonriente, Puigdemont se sumó a la concentración que gritó a favor de la independencia y de la república.

Fue la respuesta a la inédita decisión de intervenir Cataluña que por la mañana había anunciado Rajoy. Lo hizo con una comparecencia pública en la que, a diferencia de Puigdemont, aceptó preguntas de periodistas.

Rajoy responsabilizó al “proceso unilateral, contrario a la ley y que ha buscado el enfrentamiento” por la intervención y desestimó temores por la posibilidad de que el remedio sea peor que la enfermedad, que degenere en choques sociales y mayor enfrentamiento. “El único temor que debemos tener es el de no cumplir la ley. Soy presidente del gobierno y eso es lo que debo hacer”, sentenció.

Explicó que la situación era extraordinaria porque los protagonistas también lo eran. “Nunca me tocó tener enfrente a alguien como el señor Puigdemont, que habla de diálogo mientras no respeta la ley ni la Constitución”, dijo.

Abundó en que las duras medidas fueron acordadas con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Ciudadanos. “Es un gesto que valoro y que entiendo no es un apoyo al gobierno, sino que es fundamentalmente un apoyo al Estado de Derecho”, dijo.

Al socialismo el respaldo no le sale gratis. Anoche era evidente la tensión interna entre el socialismo de Madrid y el catalán. La catalana Nuria Parlón renunció a su puesto en la conducción nacional del partido en desacuerdo con el apoyo al 155. Las reacciones se sucedieron a lo largo del día. Para la izquierda de Podemos, lo ocurrido marcó “un día terrible para la democracia española”. Su secretario, Pablo Echenique, puso en duda que lo decidido por el gobierno central y sometido al Senado tuviera respaldo legal y aseguró que la actitud de Rajoy “debería poner los pelos de punta a cualquier demócrata”.

Por el contrario, el partido Ciudadanos aplaudió la decisión y censuro a un Puigdemont “que está aferrado al poder, que está fuera de la ley y que no tiene el control”, según dijo el líder de la fuerza, Albert Rivera.

El socialista Pedro Sánchez, que había pedido a Rajoy la aplicación más leve posible del modelo de intervención, tuvo que poner pecho al resultado y enfrentar las voces críticas que en su propio partido. “Siempre defenderemos el diálogo ante todo. Pero siempre que sea para hablar de cómo unirnos más y mejor. No para ver cómo nos dividimos y cómo hacemos daño a una autonomía”, dijo.

En Cataluña, en tanto, con la única excepción de los minoritarios Partido Popular (PP) y Ciudadanos, todo fueron críticas -con distinto grado de ferocidad- a la medida. “Es algo vergonzoso. Es volver a ver la dictadura franquista”, dijo Pablo Rufián, de Izquierda Republicana Catalana (ERC).

Es el giro institucional más duro que dio la democracia española en 40 años. Es una nueva etapa, a todo o nada. Rajoy pidió tranquilidad a los españoles en este “difícil momento” y señaló que la crisis se superará. “Esto se arreglará, sin más daño para nadie -prometió-. Trabajaremos para recuperar la normalidad.” El proyecto, dijo, “se llama España”.

Las medidas de la intervención

Rajoy detalló su plan, que debe aprobar el Senado

Destitución

Rajoy pidió autorización al Senado para proceder al cese del presidente del gobierno catalán, Carles Puigdemont, y otras autoridades. El ejercicio de sus funciones lo asumirán los ministerios correspondientes durante el tiempo que dure esta situación excepcional

Elecciones

También solicitó la facultad de disolver el Parlamento de Cataluña. Se convocarán elecciones en un plazo máximo de seis meses. “Aunque mi voluntad -dijo el presidente- es hacerlo tan pronto como se recupere la normalidad”

La Generalitat

Continuará funcionando y actuará bajo las directrices de los ministros

Parlamento regional

Seguirá con su función representativa; sin embargo, el líder del Parlamento regional no podrá proponer candidatos a la presidencia de la Generalitat, ni plantear plenos de investidura

Mossos d’Esquadra

Las autoridades designadas por el gobierno podrán dictar instrucciones de obligado cumplimiento a los Mossos (policía regional), que podrán ser sustituidos por fuerzas del Estado
Cómo sigue

La intervención de Cataluña se terminará de definir en los próximos días

Mesa del Senado

Las medidas decididas por el Consejo de Ministros para intervenir Cataluña fueron remitidas a la mesa del Senado, que se reunió ayer. Ahora, la mesa tiene que poner plazos

Comisiones

La celebración del pleno ordinario del Senado está prevista para el martes y el miércoles próximos. El Senado decidirá si la aplicación del artículo 155 recae en una Comisión General de Comunidades Autónomas o en una comisión creada al efecto entre varias. Esa comisión decidirá el plazo que tiene Puigdemont para presentar alegaciones. Por su parte, el líder catalán podría disolver el Parlamento regional y convocar a elecciones

Votación final

Cuando la comisión apruebe un dictamen, una propuesta a favor o en contra de las medidas que el gobierno quiera aplicar en Cataluña, el pleno del Senado realizará una votación final -prevista para el viernes- y hará efectiva la destitución del gobierno catalán

Elecciones

La coordinación de las tareas de los ministros en las áreas del gobierno de la Generalitat las ejercerá una figura por determinar. Se espera que Rajoy invoque la celebración de elecciones en Cataluña, en principio, para enero