Los niveles elevados de vitamina D previenen el cáncer

Frente a aquellas con los niveles más bajos, las personas con mayores niveles plasmáticos de vitamina D tienen un riesgo un 20% menor de padecer cáncer, sobre todo de hígado

La vitamina D juega un papel vital en el organismo, fundamentalmente a través de la regulación de los niveles de calcio y fósforo. Tal es así que, como ya han demostrado infinidad de estudios, la deficiencia en esta vitamina conlleva un mayor riesgo de padecer algunas enfermedades muy graves y potencialmente mortales. Es el caso, entre otras, de la diabetes y de la esclerosis múltiple. Y asimismo, del cáncer. Entonces, ¿es posible que unos niveles elevados de vitamina D protejan, tal y como sucede con la esclerosis múltiple, frente al cáncer? Pues según un estudio llevado a cabo por investigadores del Centro Nacional del Cáncer de Japón en Tokio (Japón), sí. Sobre todo en el caso del cáncer hepático.

Como explica Taiki Yamaji, director de esta investigación publicada en la revista “The BMJ”, “nuestros resultados refuerzan la teoría de que la vitamina D puede tener un efecto protector frente al cáncer. Sin embargo, es posible que haya un ‘techo’ para este efecto, lo que sugeriría que a partir de ciertos niveles de esta vitamina ya no habría un beneficio adicional”.

Riesgo reducido

Para llevar a cabo la investigación, los autores analizaron los datos registrados en el estudio prospectivo del Centro de Salud Pública de Japón, trabajo llevado a cabo con una muestra de 33.736 mujeres y varones con edades comprendidas entre los 40 y los 69 años y en el que todos los participantes habían sido sometidos a una extracción sanguínea con objeto de medir sus niveles de vitamina D –o más exactamente, de 25-hidroxi vitamina D o ‘25(OH)D’, que no es sino la forma activa de esta vitamina en el organismo.

Lógicamente, los niveles de 25(OH)D variaron, y mucho, entre los participantes. Y asimismo, en cada uno de los participantes en función de la época del año en el que se realizó el análisis. Y es que dado que la principal fuente de vitamina D es la luz solar, los niveles fueron mayores durante los meses de verano que durante la primavera. Sea como fuere, y teniendo en cuenta esta variación estacional, los autores dividieron a los participantes en cuatro grupos en función de sus niveles de 25(OH)D.

Concluidos los 16 años de seguimiento del estudio se diagnosticaron 3.301 nuevos casos de cáncer. Y de acuerdo con los resultados, las mujeres y varones incluidos en el grupo con mayores niveles plasmáticos de 25(OH)D mostraron, frente a los participantes con menores concentraciones, un riesgo hasta un 20% inferior de desarrollar cáncer.

Pero esta protección frente a las enfermedades oncológicas, ¿no podría atribuirse a otros factores que ya han demostrado influir en el riesgo de padecer un tumor? Pues no. El beneficio es independiente de la edad, el índice de masa corporal (IMC), el nivel de actividad física, el hábito tabáquico, el consumo de alcohol y la dieta.

Es más; el efecto resultó incluso mayor en el caso específico del cáncer hepático. Y es que comparados frente a aquellos con los menores niveles, los participantes con las mayores concentraciones de vitamina D en sangre tuvieron un riesgo entre un 30% y un 50% de padecer un tumor en el hígado. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que el cáncer hepático, si bien sexto en frecuencia a nivel global, se corresponde con la segunda enfermedad oncológica más letal en todo el mundo.