Derecho penal vs periodismo penal



Opinión de Analía Zygier. Directora de Diario Judicial.

Hoy en día es muy difícil no estar informado y al mismo tiempo, es muy fácil estar engañado. Estamos muy acostumbrados a enterarnos de temas judiciales por los medios. Y livianamente asumimos que eso que se difunde es lo que realmente pasa en los Tribunales. Pero no es lo mismo el Derecho Penal que el Periodismo Penal.

Los temas que trata el periodismo son ya de por sí de lectura (o mirada) amigable. Se escribe de todos los temas y para toda la gente, inclusive de cuestiones que pueden tener cierto grado de complejidad.

“Los periodistas tenemos conocimientos de la vastedad de un océano y la profundidad de un charco.” Solía decir la recordada María Esther Gilio a los estudiantes de periodismo, dando cuenta que de la enorme variedad de temas de interés del que se ocupan los medios de comunicación, es difícil profundizar.

Ya es un desafío ser preciso, no meter la pata ni decir burradas que, aunque puedan sonar bien para el común de la gente, se revelan horrendas para quienes saben de cada tema. Es hasta difícil usar la terminología específica y es un arte complejo el necesario equilibrio entre la precisión necesaria para no incurrir en errores, y la claridad imprescindible para que nos entiendan todos los lectores, oyentes o televidentes.

Para estos menesteres siempre hay periodistas especializados que pueden y deben hacer el puente necesario entre el experto y la gente común. Una de las virtudes de este tipo de periodista es justamente la capacidad de llevar al lenguaje llano y al entendimiento fácil, materias que quizá puedan ser especialmente difíciles.

Esto es muy habitual con las noticias científicas. Temas de medicina, física, ingeniería, robótica, astronomía tienen, en algunos casos sus periodistas especializados. En los otros, es obligatoria siempre, la consulta con el experto.

Pero parece que el Derecho es otra cosa

Lo jurídico, si bien tiene su especialidad parece que está en otra dimensión en este tema. ¿Será porque hay muchos (o demasiados) abogados, será porque de esos abogados hay muchos que tienen colgado el diploma en la pared, pero que jamás ejercieron y pululan por los medios? ¿Será porque hay muchas palabras específicas que también tienen sentido (otro sentido) en el habla coloquial que usamos todos los días? ¿Será que la política metió la cola en los tribunales y que las noticias judiciales tienen un componente electoral y partidario disfrazado de procesamientos e indagatorias? ¿Será porque abusa de la utilización de la Justicia y cualquier mediática de cuarta sale airadamente a pedir lo que llaman “bozal legal”?

Todos saben de Derecho, y livianamente explican de lo más serios todo tipo de causas judiciales. Pueden ser periodistas (más o menos capacitados, inclusive abogados tanto con título guardado como en uso), pueden ser panelistas, pueden anónimos usuarios de Twitter o Facebook, podemos ser todos en una mesa de café o en un asado del domingo.

El siglo XXI nos encontró caóticamente hiper informados. Cuando yo era chica, en mi casa se compraba el diario La Razón, la 6ta, para ser más exactos, se veía el noticiero a la hora de la cena y si uno tenía tiempo quizá escuchaba alguna radio al volver del laburo o mientras se hacían los quehaceres domésticos.

Hoy, cualquier ñato lee todos los diarios on line que se le da la gana (inclusive alguno del exterior), tiene varios canales de noticias dando información las 24 horas del día, tiene un celular inteligente con Twitter, Facebook, Whatsapp que también nos dan noticias en forma ilimitada y nos enteran de lo que pasa.

Como distintivo de los tiempos que corren, hoy en día es muy difícil no estar informado y al mismo tiempo, es muy fácil estar engañado. ¿La superposición de estímulos informativos, de diversa calidad, potencia y calaña nos ayudan a entender mejor o nos distraen y confunden?

Hoy en día somos todos borrachos de bebidas mezcladas: vino, cerveza, vodka y fernet, Clarín, Página 12, CNN y C5N. De esa borrachera nadie está exento. Tampoco los que participan activamente del derecho penal al hacer las leyes (políticos), aplicar las leyes (jueces) o difundir los resultados de la aplicación de esas leyes (periodistas).

Además, todos nosotros, sin distinción de profesión o de formación, somos grandes chusmas, con una amplificación que nunca se vivió antes. Contamos, retwiteamos, comentamos, opinamos. Nuestros puntos de vista, acertados o equivocados, ya no se quedan entre las cuatro paredes familiares y el estrecho círculo de amigos o colegas. Ahora salen al mundo y pueden llegar a no se sabe dónde y a quien. Quizá hasta me conteste Macri o me retwitee Cristina, ¿por qué no?

Estamos muy acostumbrados a enterarnos de temas judiciales por los medios. Y fácilmente asumimos que eso que se difunde es lo que pasa en los Tribunales. Pero hay que distinguir entre Derecho Penal y Periodismo Penal.

El derecho penal es el que administran los jueces, basados en las leyes. Es la disciplina que determina si una persona es inocente o culpable y en tal caso, qué pena deberá cumplir. Tiene efectos reales y concretos: puede meter preso a un acusado o puede exonerarlo de culpa y cargo. Tiene varias instancias de revisión que pueden confirmar o revocar lo decidido.

En cambio, el periodismo penal es el relato mediático de lo que sucede en los tribunales. Es un fenómeno comunicacional que se basa en fallos, resoluciones y en fuentes judiciales (jueces, fiscales, partes y abogados de esas partes). Puede tener distintos puntos de vista y diversas interpretaciones. Utiliza lo que sucede en los Tribunales como materia prima pero no es ni tiene los efectos de un fallo judicial.

Muchos factores pueden influir en el periodismo penal. Desde la formación profesional del redactor, que puede estar más o menos especializado en el área jurídica, pasando por la simpatía ideológica del periodista y también la del medio en el que trabaja (que no son necesariamente la misma).

La noticia judicial hace pie en el hecho judicial. Y el resto del cuerpo…ah, eso es otra cosa.