Lifschitz muy duro con Perotti: «está como si todos debieran rendirle pleitesía»

Miguel Lifschitz dice que el déficit provincial no es de 19.000 millones cono señala el peronismo sino de 10.000. Asegura que no se hizo una sola licitación tras el pedido de Perotti y que no pasaron personal a planta. «Hay 7.000 empleados menos que cuando asumí, por eso tengo paros por todos lados», insistió.

Hace unas semanas Miguel Lifschitz entró a un aula de primaria en Piñero, a 15 kilómetros de Rosario, para conversar con chicos de ocho años, una rutina que dice cultivar desde sus tiempos de intendente de Rosario. Uno de los chicos, desde el fondo, le dijo: “Ya sé quién es usted”. El gobernador le hizo un ademán para que continuara. El nene dijo: “Sarmiento”. El mandatario saliente comenta que no fue la primera vez en un colegio donde se produce ese equívoco, que le resulta halagador.

Pero por estos días no todas las situaciones confusas son igual de simpáticas. Su sucesor entrante, Omar Perotti, le cuestiona recibir como legado una situación económica crítica, con 19 mil millones de déficit, y decidió cortar el diálogo considerando una traición el envío a la Legislatura del Presupuesto 2020, en lugar de permitir que sea él quien lo diseñe ya en su mandato.

Lifschitz conversa con Aire digital en un espacioso despacho del primer piso de la Gobernación en Rosario. En la mañana de cielo limpio del jueves llegan de afuera los reclamos de trabajadores y beneficiarios del plan Nueva Oportunidad, que capacita en oficios a jóvenes de origen social vulnerable, que piden la continuidad del programa. “Lo tomo como una protesta a favor”, dice. La propuesta es hablar de balance de gestión, de sus flaquezas, de la actualidad política, del fin de un ciclo de 12 años de gobiernos socialistas. El diálogo dura más de una hora, los asistentes le avisan de compromisos que lo esperan pero el mandatario tiene ganas de hablar. Los primeros mates son buenos, a los últimos solo los justifica una charla entretenida.

En esta entrevista Lifschitz se planta para responderle objeciones al gobernador venidero. “Perotti está en una actitud como si todos le debieran rendir pleitesía, adentro y afuera de su partido”, dice. En el medio asegura que el déficit de la provincia es de 10 mil millones, magnitud que considera producto de una recesión nacional que impacta en las cuentas públicas pero “completamente manejable”. Asegura que no hay una sola licitación hecha después de reunirse con Perotti y que deja una provincia con 7 mil empleados menos que al asumir.

Sostiene como paradójico que su espacio se va con una buena valoración de gestión y aunque cuida las formas parece confiado en que de haber tenido la chance habría conseguido ser reelecto. Hay cierta recriminación a su espacio por no haber encarado una campaña con más energía y, sobre todo, no haber lanzado una segunda fórmula con un postulante radical dentro del Frente Progresista. Lifschitz cree que eso le podría haber sumado a Antonio Bonfatti los votos que hubiera necesitado para imponerse. Igualmente, dice, perdieron por cuatro puntos, una cifra exigua. “Y dejamos una provincia diez puntos en un país que se cae a pedazos”.

– ¿Por qué visita las escuelas de la provincia?

– Las recorro desde hace mucho, cuando fui intendente y ahora como gobernador, porque son referencias sociales muy importantes. En los pueblos chicos todo se mueve alrededor de ellas, desde la cooperadora hasta los centros de ex alumnos. Lo que pasa en las comunidades se nota ahí. Hemos invertido mucho en educación, hoy no hay escuela de la provincia que recorra que no esté en perfecto estado edilicio, cosa que no era así 15 años atrás, antes se caían los techos o se llovían, ahora hay nuevos edificios, jardines nuevos, aulas nuevas y todas las escuelas refaccionadas. Siempre hay algún problema, claro, porque son 5 mil edificios. Pero todo ha mejorado como así también la capacidad de gestión del sistema, en concursos, equipos directivos, carrera docente, formación continua.

– ¿Qué le dicen en los pueblos?

– Primero agradecen porque a muchos nunca los visitó un gobernador, desde (Carlos) Silvestre Begnis, tal vez alguno (Carlos) Reutemann. Voy a ser el único gobernador de la historia santafesina que en sus cuatro años de gestión va a haber visitado la totalidad de los 365 pueblos y ciudades de la provincia. Me quedan tres que voy a culminar la semana próxima. Para mí ha sido muy enriquecedor, la gente lo reconoce mucho. Y objetivamente desarrollamos un plan de acción que abarcó todo el territorio. No hay pueblo por pequeño que sea que no tenga tres o cuatro obras que se hicieron en estos cuatro años, desde rutas, acueductos u obras de energía hasta cosas más chicas como cloacas, mejoramiento de centros de salud o cunetas.

– ¿Cuáles fueron los momentos más difíciles de la gestión?

– Los dos temas que nos produjeron situaciones críticas fueron seguridad e inundaciones. Tuvimos inundaciones los cuatro años de mi gestión, la más compleja fue la de 2016, con zonas productivas anegadas como el departamento Castellanos o General López en La Picasa. Implicó atender situaciones sociales serias y eso genera mucho estrés. Y en seguridad tuvimos complicaciones claramente, la manifestación Rosario Sangra en 2016, una coincidencia de dos o tres hechos muy resonantes que provocaron una movilización. También los conflictos con el gobierno nacional y con la ministra (Patricia) Bullrich desde el arranque mismo, con la triple fuga de Lanatta-Schillaci, que ingresaron a Santa Fe y aquí fueron detenidos, hubo ahí malentendidos que parecían a propósito con Mauricio Macri. Y el año pasado el conflicto con las balaceras al Poder Judicial, que fue un fenómeno distinto y un desafío muy fuerte a la autoridad del Estado, que se pudo cerrar y esclarecer. Pero el transcurso fue duro.

– En estos cuatro años de gobernador, ¿qué aprendió?

– Tal vez lo que aprendí es la dimensión social de los problemas de seguridad. Ya lo sabía porque fui intendente de Rosario, pero desde el gobierno provincial se tienen más responsabilidades. Y al profundizar se notan los vínculos de la exclusión social y la pobreza con la violencia. Por eso la importancia de dar respuestas innovadoras como el Plan Abre, el Nueva Oportunidad o los dispositivos barriales donde trabajan tanto áreas de Desarrollo Social como fiscales. Aprendí que esos programas son una veta muy importante para avanzar sobre el fenómeno de la violencia, para pacificar los barrios calientes con una intervención no tradicional. Las experiencias de saturación con fuerzas de seguridad como en Brasil no resolvían el tema de la violencia. Estos diseños que mezclan lo social, lo urbano y lo policial fueron superadores. Diría que en esta área aprendí a los golpes pero entiendo que esos golpes nos condujeron a una experiencia exitosa.

– ¿Cuáles cree que fueron las principales causas del fin de ciclo socialista en Rosario y Santa Fe?

– (Largo silencio) Creo que el tema de la inseguridad y del narcotráfico nos afectó. Con una campaña muchas veces intencional y otra no intencional pero injusta sobre la situación de Rosario y la presunta responsabilidad en los gobiernos socialistas de esto, que nos hizo mella.

– ¿Qué encuentra de distorsionado en esa mirada?

– Que hubo un ensañamiento con una realidad que no es distinta por ejemplo de la provincia de Buenos Aires y de otros conglomerados urbanos. Pero sobre Rosario y Santa Fe se puso la lupa que hizo ver todo lleno de rugosidades y problemas, que son innegables. Entonces un muerto en Rosario aparecía en la tapa de Clarín y uno en Tucumán no. Aquí medimos bien los datos de violencia. En muchas otras provincias no. El cambio del sistema de Justicia Penal, policía y Ministerio de Seguridad generó una falta de capacidad de respuesta del sistema momentánea que coincidió con el florecimiento del negocio del narcotráfico. En el último tramo del gobierno kirchnerista eso también se consolidó aquí. Estoy convencido que le encontramos la vuelta y que si hubiéramos tenido cuatro años más para sostener estas políticas se habrían visto otros resultados. Las cifras hoy igual son mejores que hace cuatro años.

– Volvamos a las causas de la derrota del Frente Progresista.

– Sí, decía esto para ir a la pregunta. Este tema de la seguridad que impactó mucho en Rosario le dio un eje a la oposición que en los últimos diez años se centró en la violencia casi con exclusividad, porque no hubo críticas a la educación, a las obras o a la salud pública. Y eso nos hizo daño. También creo que no hubo una buena estrategia electoral. Perdimos por cuatro puntos la provincia, vale decir, no estuvimos lejos de ganarla.

– La interna socialista, en especial entre usted y Bonfatti que fue ostensible, ¿perjudicó las chances de ese triunfo?

– Creo que algunas causas se podrían haber podido corregir y nos habrían dejado cerca de un triunfo. En relación a la interna, si bien en los grandes temas siempre terminamos coincidiendo, creo que hubo (piensa largo rato) una falta de coordinación que nos perjudicó. Y que a veces se hizo pública innecesariamente. Para el radicalismo o el peronismo las diferencias son lo más común y el electorado está habituado. Pero en el socialismo pareciera que se amplifican como problema. Igual creo que no haber tenido una posición más sólida o más coherente pesó. Yo siempre sostuve que no debíamos ir con una lista única, que teníamos que tener más de una alternativa porque íbamos contra una interna atractiva de nuestros adversarios, como Perotti y Bielsa, que nos ponía en desventaja. Ese criterio no se compartió pero hubiera sido interesante contar con otras propuestas que nos sumaran votos por afuera.

– ¿Y cuál podría haber sido?

– Alguna candidatura del radicalismo que le disputara votos a (José) Corral. Me parece que eso hubiera sido estratégico y que podría haber aportado los cinco o seis puntos que necesitábamos. Creo que no fue buena tampoco la campaña electoral, que fue apagada.

– ¿Por qué pasó eso?

– Me da la sensación de que se pensó que con eso alcanzaba, que se confió mucho en el triunfo y no se trabajó en la hipótesis de que podíamos perder, y de que hacía falta una campaña más agresiva, de más alto perfil. Ya sé que son cosas que se miran después. Insisto en que hay causas múltiples. Evidentemente el poder desgasta. Había una ola triunfante del peronismo en las provincias que sumó algunos votos a Perotti. Y creo que incidió el tema de nuestra posición con respecto al aborto. Hubo sectores vinculados a la Iglesia Católica e Iglesia Evangélica que nos hicieron pagar una posición tan tajante en este tema. Hay una consultora que hace análisis matemáticos sobre los resultados electorales que cruzan los votos. Por dar un ejemplo, de la gente que me votó a mí como diputado el 80 por ciento lo votó a Bonfatti y el 20 entre Perotti o Corral como gobernador. Entre los que votaron a Corral un porcentaje me votó a mí como diputado. Pero entre los que votaron a (Amalia) Granata para diputada los que votaron a Bonfatti fueron 0 por ciento. Históricamente en Rosario el voto evangélico era favorable a nosotros porque decían que no hacíamos distinciones entre ellos y la Iglesia Católica. En fin, hubo una suma de errores políticos, más desgaste, con la paradoja de que la gestión de gobierno provincial está muy bien valorada por los ciudadanos.

– ¿Cree entonces que si hubiera tenido posibilidad de reelección se imponía a Perotti?

– Es difícil en política hacer hipótesis sobre lo que hubiera pasado. Sí digo que si hubiéramos tenido posibilidad de sacar la reforma constitucional, aunque fuera sin reelección, una posibilidad que planteamos, habría sido un triunfo político del Frente Progresista, lo que nos hubiera colocado en posición de ganar aún sin ser yo el candidato. Tal vez ese fue un error de algunos sectores del Frente.

– ¿Siente que desde adentro le restaron apoyo?

– Creo que faltó convicción, no digo que me restaron apoyo, en el debate estuvieron todos. Pero faltó convicción, estuvimos muy cerca, faltaron milímetros de empuje. Habría sido un triunfo político que cambiaba el escenario.

– ¿Y si usted era candidato qué pasaba?

– Es posible que hubiera estado en mejores condiciones, aunque nadie lo puede asegurar. No me animaría a decir que habría ganado. Pero si sacábamos la reforma al menos nos habríamos ido con un triunfo político.

– Cuando tras el triunfo de Perotti el peronismo reinstala el debate sobre la reforma usted no se sumó, pese a haberla impulsado con tanto ahínco. Fue un contraste muy significativo.

– Obviamente que estoy dispuesto a discutir la reforma después del 10 de diciembre, con una posición propositiva y favorable. Lo que siempre pensamos es que tiene que ser producto de un acuerdo entre Frente Progresista y peronismo. Antes y ahora. Tiene que ser necesariamente fruto de un debate puesto sobre la mesa ante la sociedad civil. Una reforma constitucional no puede ser algo impulsado entre gallos y medianoche, con una Legislatura que se está yendo, en el medio de un país en que nadie sabe lo que va a pasar la semana que viene. Lo que impulsó ahora lo veo como una jugarreta política para desgastarme y quebrar al Frente. Pero sí que estamos dispuestos a discutir el tema el año que viene. Pero no a lo loco, sino con un acuerdo político, y sin especulaciones, porque si no nunca habrá reforma. Alguien tiene que cederle alguna vez la derecha al otro para que se pueda lograr, como pasó en su momento con Alfonsín con Menem.

– En la transición la objeción más fuerte del peronismo es que entregan la provincia en emergencia económica. El peronismo remarca hace mucho que Obeid dejó a Binner la provincia con solvencia en 2007, Perotti mismo dijo que al mandar el presupuesto 2020 usted rompió un acuerdo o que adelantaron licitaciones que impactarán en su gestión. Son reproches muy fuertes.

– Me sorprende, a Omar lo conozco desde hace veinte años por lo menos, diría que es uno de los dirigentes con quien tuve más relación desde entonces, que siempre fue cordial y respetuosa. Coincidimos en viajes al exterior en tres o cuatro oportunidades y no me tocó confrontar con él en el proceso electoral. Pensé que íbamos a tener una transición tranquila. Toda la información que nos pidieron está a la vista en los portales de gobierno, es decir que es pública, no hay nada que ocultar. La situación que hay es difícil pero dejamos una provincia diez puntos en un país que se cae a pedazos.

– El peronismo dice que no.

– Bueno, hagamos comparaciones. Se dice que el peronismo entregó una administración con recursos. Nosotros también lo haremos, con un déficit manejable, en un marco totalmente distinto. Miremos 2003-2007. Fueron los años de mayor crecimiento del país en el siglo, al 8 por ciento anual, con inflación baja, sin que hubiera paritarias en Argentina, con una situación excepcional en el boom de la soja, con los famosos superávits gemelos de Lavagna. No se puede comparar ese escenario que le tocó a la gestión de Obeid con el que nos tocó a nosotros, que es un proceso inverso con recesión y retracción de recursos nacionales para salud, educación, transporte y desarrollo social, para un gobierno provincial que tiene políticas sociales muy activas. Es absolutamente incomparable aquello con esto. En estos últimos seis meses bajó la recaudación, pero además el gobierno nacional hizo cambios impositivos en IVA y Ganancias de prepo, que nos descontaron casi 4 mil millones de pesos y no nos aportaron lo que deben para la Caja de Jubilaciones. Si esto se hubiera hecho estaríamos en inmejorables condiciones. Como no pasó estamos en una situación ajustada pero no es crítica. La administración es sana, no hay déficit operativo sino financiero, que tuvo que ver con nuestra decisión política de no recortar gasto social ni desconocer la cláusula gatillo.

– ¿La provincia queda en rojo? Perotti habla de un déficit de 19 mil millones.

– Vamos a llegar al traspaso con un déficit de unos 10 mil millones y no como dicen ellos de 19 mil millones. Diez mil millones sobre 400 mil millones de presupuesto que tiene Santa Fe es algo irrelevante. Cuando asumí el gobierno que me entregó Bonfatti, de mi propio partido, tuve que pedir a Macri que me adelantara anticipos coparticipables para pagar aguinaldos y tuvimos que emitir letras del Tesoro para pagar el primer sueldo. Es bastante habitual que esto ocurra a fin de año, porque la recaudación en diciembre cae y está el aguinaldo, no tiene que ver con un cambio político. No es nada del otro mundo y no hay que magnificar. Por otra parte les estamos dejando a cobrar 100 mil millones de pesos que con toda seguridad cobrarán el año que viene, hay aportes de Anses de casi 6 mil millones atrasados para la Caja de Jubilaciones que nos hubiera correspondido cobrar a nosotros y lo cobrarán ellos, 1.500 millones en Letes que quedaron reperfiladas que se van a cobrar el año que viene. Dejamos una administración prolija, ordenada, que no va a ocasionar problemas, en un marco económico desfavorable y recesivo. No hicimos más licitaciones porque fue lo que Perotti nos pidió, algo que acatamos aunque pienso que es un error de él, porque si lo hacíamos en coordinación con sus equipos eso le habría permitido a él iniciar obras de inmediato. Tampoco pasamos personal a planta, tenemos paros por todos lados justamente por no hacerlo, dejamos una planta de personal con 7 mil empleados menos desde que yo asumí, cargos que están vacantes. El déficit es real pero lo magnifican porque no tiene la implicancia que le quieren dar. No hay una sola licitación hecha después de que yo me reuniera con el gobernador entrante.

– El planteo quizá más fuerte porque se habló de traición es que usted mandó el Presupuesto 2020 cuando había acordado que lo hacía Perotti.

– El tema del presupuesto es claro, la Constitución de la provincia dice que tiene que presentarse antes del 30 de setiembre. Como este país tiene siempre contingencias es normal que se pida una prórroga. Pensábamos hacer lo mismo y por eso le ofrecimos al equipo de transición prepararlo en conjunto con nosotros. Nos dijeron que no porque querían trabajarlo ellos al asumir. Me pareció razonable y les respondí que estaba de acuerdo. Envié entonces una nota a la Legislatura informando que no iba a presentar el presupuesto, solicitaba autorización para hacerlo después del 10 de diciembre y exponía los argumentos que señalaba Omar, en el sentido que era difícil hacer un presupuesto sin tener en cuenta el plan político que definirá el nuevo gobernador. Veamos entonces qué pasó. El Senado, con mayoría del peronismo, por unanimidad me dice que no, que cumpla los plazos previstos, con la única excepción de Hugo Rassetto (Iriondo), que se abstuvo. Está la versión taquigráfica del acta para consultar. Alcides Calvo (Castellanos) dice que no estaba o que no se dio cuenta, pero están las actas taquigráficas de la sesión para consultar.

– ¿Y usted por qué cree que los legisladores lo pidieron ahora?

– Esto fue una jugada clara de los senadores peronistas para posicionarse en la interna con Omar. Frente a eso Diputados plantea lo mismo y lo votan todos los bloques pidiendo que se mandara ahora el presupuesto, salvo los nueve miembros que tiene el peronismo. Por otro lado, en paralelo, (Roberto) Mirabella, que es la mano derecha de Perotti, hace una movida muy artera para tratar de sacar la reforma de la Constitución Provincial y al mismo tiempo quebrar al bloque futuro del Frente Progresista con la idea de poner un presidente radical en la Cámara de Diputados. Hubo propuestas de todo tipo para torcer voluntades con ese fin. Eso me pone a mí en un escenario distinto porque yo tengo que cuidar mi terreno, no puedo regalar un solo voto del Frente Progresista, por lo que tengo que acceder a lo que me pide cada senador y diputado. En la Legislatura hay una gran presión para tratar el presupuesto ahora, de parte de peronistas y radicales. ¿Por qué? Los senadores para garantizar obras para sus departamentos y no perder el poder del Senado en todos estos años. Es un senado opositor que ahora será oficialista, pero un sector importante del peronismo quiere seguir siendo opositor, porque eso le ha reportado réditos. Tuve voluntad y accedí mandando la nota. Pero no puedo desoír lo que me responde el Senado por unanimidad y una mayoría de los diputados. Perotti se la agarra conmigo, pero no dice nada de lo que hicieron los senadores de su partido. Nada de esto habría sido viable si los senadores peronistas no lo apoyaban. Si ellos decían presupuesto ahora no, eso no salía. No hay vocación de sentarse a conversar los temas. Si lo hiciéramos todos juntos podríamos llegar a algún acuerdo. En una mesa se podría haber hecho el presupuesto a la medida de los deseos de Omar o de lo que querían los senadores, o algo intermedio. La política requiere diálogo. La ciudadanía eligió un gobernador nuevo. Pero también eligió legisladores. Perotti está en una actitud como si todos le debieran rendir pleitesía, adentro y afuera de su partido. Eligió un camino como de victimizarse y tratar de adjudicarle todo al gobierno saliente con la idea de que eso lo favorece al principio de su gestión. Puede ser que sí, pero eso enrarece la gobernabilidad.

– Es algo no muy usual el juego de respaldos que se dio en el último tiempo. El senador peronista (Armando) Traferri hizo públicamente un reconocimiento positivo de su gestión. En un abanico nuevo donde el Frente Progresista deberá reacomodarse, ¿vislumbra con dirigentes como él un trabajo común o una alianza?

– Diría que la mayoría de los senadores peronistas tienen un reconocimiento de que pudimos trabajar con muchos acuerdos. Los doce años del Frente han sido de mucha convivencia con el peronismo, en especial en el Senado, por el peso que tienen los senadores en sus territorios. También hemos tenido muy buena relación con los intendentes y presidentes comunales. Me pasa en la mayoría de los lugares porque objetivamente hemos trabajado bien y sin discriminar a nadie.

– ¿En la Legislatura especialmente ese buen pasar no tuvo que ver con algunos beneficios que tienen los legisladores como los subsidios? Como presidente de la Cámara de Diputados que probablemente sea, ¿ve posible reducir esos subsidios que son una erogación estatal muy importante? Aclaro que estoy a favor del gasto político, pero pienso en la racionalidad del gasto, que a veces supone privilegios que deslegitiman la democracia, como saber que se pagan jubilaciones de más de 400 mil pesos en una Caja provincial con fuerte déficit

– Bueno, el presupuesto de la Legislatura ha venido subiendo con la inflación. En nuestras gestiones hemos sido muy cuidadosos con eso de que aumento todo en sintonía con la inflación.

– Sí, pero si uno se fija el presupuesto de Córdoba para la Legislatura es menos de la mitad que en Santa Fe, siendo provincias semejantes.

– Bueno pero Córdoba tiene una Legislatura unicameral.

– Sí, pero en cantidad de legisladores es igual. Acá son 69, en Córdoba son 70.

– No lo tengo presente, si esa comparación se hace con Buenos Aires veríamos que estamos muy bien.

– Sí, pero Buenos Aires en todo está fuera de escala.

– Bueno, obviamente el hecho de gobernar con mucha oposición obliga a conceder. Pensemos que Antonio (Bonfatti) gobernó con dos cámaras con mayoría, lo que obliga a debatir y conceder por allí cosas que cuando las cámaras son del mismo palo del gobierno como ocurre en Córdoba es otro tipo de relación. Por ahí los legisladores tienen beneficios por otra vía por su cercanía al gobierno. Pero yo sinceramente que conozco bastante porque estuve en el Senado no veo allí un problema, hay controles que funcionan sobre los recursos, cuando hubo alguna cosa medio extraña se ha frenado. El funcionamiento es bastante racional.

– ¿Cómo ve el futuro del Frente Progresista? Federico Angelini de Cambiemos acaba de decir que ellos ganaron la provincia en las presidenciales con el voto del socialismo. El radicalismo en Cambiemos sacó sus votos.

– Bueno, todos dicen eso. También (Alberto) Fernádez puede decir que tuvo votos del socialismo. Nuestro electorado, ese electorado de 36 puntos que sacó Bonfatti en junio, frente a los 9 que sacó Lavagna en Santa Fe, se repartió un poco más para Macri que para Fernández, pero hubo una división de votos.

– Pero con un peronismo que se unificó y se hizo fuerte, ¿por qué estrategia irá el Frente Progresista? ¿Vislumbra una posibilidad de que su sector se acerque a la herencia de Cambiemos?

-No. Nosotros tenemos el desafío de mantener la estructura del Frente en cuanto a su composición, recuperando a sectores radicales que estuvieron dispersos. No nos apartamos de un proyecto progresista que sea alternativo a Cambiemos y también a lo que se verá ahora como al peronismo que encabezará el presidente electo. En Santa Fe tenemos que recuperar un electorado que nos acompañó en otras oportunidades y estoy seguro de que volverá a hacerlo.

Fuente: Aire de Santa Fe




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