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¿Accidente o crimen?: buscan el cuerpo de un pescador en Romang

“Tito Ares” lleva más de un año desaparecido. Quienes lo acompañaban sostienen que se ahogó en medio de la noche, al intentar cruzar un zanjón. La fiscalía investiga si hubo una pelea que derivó en la muerte y posterior ocultamiento del cuerpo.

Noticia de: El Litoral (www.ellitoral.com) 

Dos hipótesis contrapuestas alimentan la intriga creada en torno a la desaparición de Juan Carlos Fernández, un changarín de 56 años, conocido por su apodo de “Tito Ares” y su pasado como boxeador amateur de la ciudad de Romang. El hombre salió a pescar con su sobrino la noche del 15 de marzo de 2019 y terminó en una ranchada en la isla, comiendo pescado frito, jugando a las cartas y tomando vino hasta la madrugada siguiente junto a otros tres conocidos. Esa fue la última reunión en la que lo vieron con vida. 


Dos días después -el 17 de marzo-, uno de sus amigos se presentó en la comisaría local para radicar un pedido de paradero y así emprendieron la primera búsqueda, bajo las órdenes del fiscal de Reconquista, Alejandro Rodríguez. Desde entonces, se realizaron tres rastrillajes en la ribera del río San Javier y no se descarta un cuarto próximamente, adelantaron fuentes de la investigación.


Es que la ausencia de cadáver confronta sin solución las dos hipótesis que se barajaron desde que se supo del hecho. La primera y la que desde un principio ocupó a las autoridades locales, fue la de una muerte accidental, por ahogamiento. En ello coincidieron las cuatro personas que esa madrugada de sábado compartieron la velada con el desaparecido. 

La segunda, la del homicidio, tomó fuerzas con la declaración de una mujer, a la que uno de los presentes en aquella velada, le confesó entre lágrimas que no iban a encontrar el cuerpo e hizo una referencia a “borrar evidencias”. Y si bien primero fueron rumores, la Justicia reunió elementos que terminaron con dos de los amigos de Fernández tras las rejas. Pero una vez vencidos los 60 días de prisión preventiva y ante la ausencia de nuevos indicios que refuercen los cargos, ambos recuperaron la libertad.

Aprovechar  la bajante

Es decir que pasado un año, la investigación se encuentra en “punto muerto”, por lo que la fiscalía hizo un nuevo intento por recuperar el cadáver, que podría ser la clave para desentrañar el enigma. “Habiendo pasado el año, y aprovechando la bajante del río, es que se dispuso la realización de una nueva búsqueda, ante la posibilidad de poder ingresar a lugares donde la bajante permita su tránsito”, confirmó el fiscal Alejandro Rodríguez.


“La búsqueda se realizó el lunes 20 de abril, comenzamos a las siete de la mañana y tuvo la misma modalidad que las veces anteriores”. amplió el representante del Ministerio Público de la Acusación. Además, Rodríguez explicó que “la causa está a cargo de la Unidad Fiscal de Reconquista”, que por jurisdicción comprende el norte del departamento San Javier. Asimismo, destacó la colaboración de Policía de Investigaciones (actual AIC), Prefectura Naval, Guardia Rural Los Pumas, Bomberos de Romang, policía de la Comisaría 2ª de Romang, Buzos Tácticos y la Sección Perros de la URI, y particulares (entre ellos, un hermano del desaparecido), quienes participaron de los distintos operativos de búsqueda.


Desde la Fiscalía tenían la esperanza de que con la bajante, podrían recorrer sitios hasta ahora inexplorados y que tal vez así apareciera el cuerpo de Fernández. Sin embargo el resultado del operativo fue negativo, por lo que no se descarta la realización otro más adelante.

Pescado, truco y vino

Las versiones de quienes estuvieron por última vez con Fernández son coincidentes en cuanto que la noche del viernes 15 de marzo de 2019, “Tito Ares” y su sobrino “Cepillo” Fernández llegaron a una ranchada ubicada en zona de islas, a la altura del camping municipal de Romang, para sumarse al fogón que compartían Erasmo Z. (57), José C. (60) y el yerno del primero, Esteban F. (29).
Los tres últimos habían salido a pescar desde temprano y al caer la noche recibieron a la visita, con la que comieron pescado frito, jugaron a las cartas y tomaron unos vinos y cuando ya no quedaba nada por hacer se fueron a dormir. Todos coincidieron en que a las cuatro de la madrugada del sábado, Fernández decidió volverse a la ciudad, caminando. Y que a pesar de que le insistieron para que se quedara, el hombre abandonó el campamento con la excusa de que debía ir a trabajar esa mañana. Si bien estaban río adentro, todos ellos eran conocedores de la geografía y sabían que se podía regresar sin el bote, aunque había que sortear a nado un zanjón.


El resto del grupo regresó el mismo sábado por la mañana a Romang, pero la novedad de que Fernández no estaba por ningún lado la tuvieron recién el domingo, cuando un compañero del ausente les dijo que no había ido a trabajar. “Ahí nos dimos cuenta de que no había llegado a Romang”, relató uno de los compañeros, porque sus familiares tampoco sabían nada de él. Fue entonces que se radicó la denuncia policial y que se organizó la primera búsqueda, la cual al día de hoy sigue siendo un misterio.

 

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