OPINION: Gambeta y gol al poder político



POR LEONARDO FAIN *Estudiante de Periodismo-Instituto Juan XXIII.

Martes. 4:09 de la tarde. La ciudad grita “gol” desde los balcones, desde las ventanas y entre las calles. Pero en el televisor no hay ningún partido. Es simplemente el pueblo argentino recordando el gol de Maradona a los ingleses, allá por 1986.


Es difícil entenderlo. Se trata del deporte mas popular y que mas sentimientos despierta en Argentina. Pero sigue siendo un juego. Dirán que es el gol mas importante de nuestro futbol, porque nos dejó un sabor a revancha. Lo acepto, pero no es suficiente.

A dos días de celebrar la creación de la bandera, donde no hubo tanto bullicio. A pocos días de conmemorar la muerte de un prócer como Güemes, que tampoco despertó tanta nostalgia. En el mismo día del cumpleaños del Almirante Guillermo Brown, que nadie recuerda. En ese día, el argentino grita un gol de hace 35 años. Parece que ni el 10 de diciembre de 1983 se recuerda con tanta alegría.

La pregunta es doble: ¿Por qué se le reconoce mas a un futbolista, o a un episodio de su carrera, que a la gesta de algunos patriotas? ¿Será que el pueblo siente más cerca a Maradona que a Güemes, la bandera, Brown o a la democracia misma? Ni siquiera la política de hoy despierta tantas emociones. Y acá me atrevo a enfrentar futbol y política.

El futbol entretiene, divierte, enerva también. Y día a día parece tener más adhesiones. La política apenas sirve para dirigir los destinos de toda la sociedad, alimentarla, educarla y sanarla. Y cada día parece menos la gente dispuesta a involucrarse en ella. Y recién aquí decantamos en lo importante.


Si la apatía del pueblo en materia política es un síntoma, la enfermedad es la desconexión de la dirigencia política con los intereses de la gente. Y esto supera cualquier grieta, precisamente porque es mas grave que ella. Los números de la realidad social argentina duelen. Mientras los gobiernos alternan entre el tarifazo macrista o la creación de nuevos impuestos kirchnerista.

La indigencia infantil crece proporcionalmente al numero de chicanas que oficialismo y oposición se tiran en Twitter y los medios. Eso, es desconexión con la realidad. Es no saber qué es lo importante, qué es lo necesario. Pero siempre está el remedio del asistencialismo, como para calmar el ardor de la pobreza, no importa quien gobierne.


Decía Castoriadis, un filósofo, que existe en las sociedades una representación del poder como algo ajeno, extraño, enfrentado a nosotros. Y que nuestros derechos y libertades vienen a servirnos para limitar a ese poder, controlarlo, mantenerlo contenido, defendernos de él. Si, creo que esto es lo que se expresa cuando en las calles o redes sociales se habla de los políticos. Que son cada día mas ricos, que no hacen nada, que se ríen de nosotros, etcétera. Se los nombra como si fueran otra cosa, como si no fueran nuestros vecinos, amigos, ex compañeros de la escuela, como si no fuéramos nosotros mismos ocupando un cargo público. Se los llama los políticos como para tomar distancia de ellos. Se los desconoce. El descreimiento crece hacia ellos. Y debería ser todo lo contrario.


Una razón a favor de este distanciamiento: el decreto 167/2021, de 11 de marzo pasado, exime a los funcionarios que vengan del exterior en delegaciones oficiales, de hacer la cuarentena preventiva en el marco de la pandemia de Covid 19.

Nótese que esta diferenciación no nace del ciudadano común. Está hecha desde el poder. ¿Es entonces realmente llamativo que la gente común se distancie y no se identifique con los políticos? Entonces, en lugar de abrir las ventanas y ver qué pasa afuera, de buscar la forma de cambiar eso que pasa en la calle, preferimos encerrarnos, correr las cortinas y prender la tele. Que de lo de afuera se encargue otro. Ese egoísmo, es también primo de la apatía antes mencionada.

Por eso el futbol es mas popular que la política, tiene mejor prensa y más adeptos. Aunque sea una actividad mucho menos trascendente, relevante e influyente para todos. Por eso gritamos mas un gol que un logro político. Por eso nos quejamos mas de off side, que de una injusticia.


Es posible que la democracia, entendida no ya como poder votar o ser votado, sino como igualdad de oportunidades, haya fracasado. Desde hace unos 40 años, la democracia era el bien mas preciado que los argentinos ansiamos y luego conquistamos. Era lo máximo a lo que podíamos aspirar. Pero resulta que falló. Nos falló. El presidente nos había dicho que con la democracia “se come, se cura y se educa”. Y hoy tenemos chicos sin comida, sin formación y sin salud. Entonces, nuestro principal caballo de batalla, al fin y al cabo, fue inútil.


El argentino, no se desde hace cuánto tiempo: Se retrae puertas adentro, entrecierra los ojos para mirar con desconfianza a la clase política. Sospecha de ella. Se aleja de la vocación de ayudar al otro, de solidarizarse, de participar en pos del bien común, de usar la política como instrumento de cambio. Ya no quiere saber nada con eso. Y le ofreces un atractivo que lo haga olvidar del infierno que se vive afuera, y lo compra. Le acercas un hueso que pueda morder, un algo que no le recuerde los problemas que tiene el vecino, que solo le demande sentimientos superficiales, que lo emocione por un rato. Algo así como un gol, y lo celebra durante 35 años.