La UCR de Reconquista entre la expectativa y la duda



Leonardo Rolón 

Los radicales finalmente sellaron, esta semana, la unidad del partido y armaron una lista única en la ciudad de Reconquista para conducir los destinos del centenario partido que tiene su sede en Roca al 800.

Era un deseo de algunos dirigentes desde hacía mucho tiempo pero los destinos de sus principales figuras imposibilitaron que se sienten a charlar durante varios años.

Unos acusaban a otros de traidores o de no cumplir con la decisión del partido a nivel provincial o nacional, de mal interpretar los pensamientos del radicalismo histórico, y una larga lista de etcéteras que solo los mantenía cada vez más alejados entre sí.

Unos fueron con el Frente Progresista, Cívico y Social y perdieron protagonismo rápidamente, los otros fueron con Cambiemos y les pasó algo similar pero en menos tiempo. Todos perdieron.

Y perdieron tanto que la nueva conformación del concejo no incorporará a ningún radical y sí despide a uno. Emilio Adobato deja su banca porque no logró la reelección y el sector del Ateneo Arturo Illia no pudo siquiera sortear la interna en Cambiemos.

Luego de las derrotas electorales en lo local, provincial y nacional entendieron que era momento de renacer como alternativa política y como posible construcción de una alternativa electoral para los próximos dos años.

Así fue que se dieron las primeras reuniones, como excusa invitaron a algunos radicales de otras localidades para discutir sobre distintos temas y evitar el cara a cara liso y llano, que incluso todavía no se dio con total sinceridad.

Es por eso que ellos mismos tienen muchas expectativas sobre lo que pueda pasar en los próximos días, y la primera prueba de fuego será la votación del 10 de diciembre cuando tengan que elegir al próximo presidente del Concejo Municipal. Para sostener esta unidad deberán votar todos juntos, pero ¿a quién? 

El justicialismo contará con cuatro votos (Francisco Sellarés, Ignacio Correa, Nancy Sartor y Hugo Morzán) mientras que Cambiemos tendrá tres votos (Sergio Gallo, Fedra Buseghin y Roald Báscolo) y con otros tres votos estará el radicalismo unificado (Natalia Caparelli, Hugo Firmán y Eduardo Paoletti).

Si UCR y Cambiemos votan por propios perderán la votación con el oficialismo y por ahora no parece haber un nombre que permita el consenso.

Esta es solo la primera prueba de fuego para el partido que se debe, fundamentalmente, la definición de una ideología nueva, un norte político y la decisión de jubilar a los viejos actores y tratar de sumar nuevos o caer en la tentación de mantenerse con los mismos y volver a pasar papelones políticos.

Por otro lado, y la madre de las batallas, se dará a la hora de definir los nuevos candidatos ya que en dos años vencen los mandatos de los tres concejales actuales. Paoletti es el que menos ganas de continuar tiene y podría ser una figura de cambio pero para 2021 falta muchísimo.

Por ahora el nombre principal para llevar adelante este proceso es Juan José Ingaramo. Fue Secretario de Gobierno de Jacinto Speranza hasta que un problema de salud lo alejó de la política por algunos años pero parece estar dispuesto a volver y ser nuevamente protagonista, ya desde otro rol menos estresante.

Ingaramo tiene el reconocimiento de los dos sectores políticos más fuertes que tiene la ciudad de Reconquista (Movimiento de Acción Radical y Ateneo Arturo Illia) pero nadie se anima a pronosticar el destino final de este barco. Fundamentalmente porque la UCR ha perdido su esencia en el afán de conseguir cargos políticos para algunos de sus dirigentes, su juventud está mucho menos movilizada que hace algunos años y los más viejos pretenden seguir con algunas ideas conservadoras que sirvieron en algún momento pero que hoy son incompatibles con la nueva lógica de la política.

Puertas adentro, el desafío parece interesante pero surgen miles de dudas ¿podrán sostener la discusión pública de las distintas temáticas prácticamente desde la llanura y sin cargos políticos? ¿sostendrán la unidad con la desconfianza que hoy se tienen entre sí y sin sentarse a una mesa a plantearse todos los puntos que los diferencian? ¿se harán cargo algunos de los derrotados políticos de las autocríticas que hoy son tan poco comunes en los distintos sectores políticos? 

De todos modos la duda es ante todo una actitud, un detenerse, un dejar de hacer para poder pensar, una interrupción de ese piloto automático del día a día y una sospecha sobre si lo que estoy haciendo es lo que quiero hacer, lo que me hace feliz, lo que me hace bien y lo correcto. Es darle una oportunidad a la verdad, tener el coraje de la verdad. Esa es la duda filosófica. Nada que ver con la duda paralizante de no saber qué hacer, qué decidir… Al revés. El que duda filosóficamente está activo, buscando. ¿Y qué busca? La belleza, el bien, el bienestar, la felicidad… Pero todo lo hace pensando, porque si uno no piensa, está siendo arrastrado.