Lo que el viento se llevó: a 50 años del tornado que destruyó San Justo



Miércoles 10 de enero de 1973. 13.40 horas, aproximadamente. Un calor asfixiante se acopla con una llovizna de media mañana que genera una humedad insoportable. De esas que ni el abanico ni el ventilador calman. El desastre se acerca, pero los sanjustinos no lo saben. Hacen vida normal: niños de vacaciones con la pelota y los autitos en la vereda, adultos volviendo del trabajo, otros disfrutando de la pileta, algunos más sentados compartiendo el mate, unos pocos terminando de almorzar.

La calma y el silencio se adueñan de la ciudad santafesina. No llovizna más y el calor sigue latente. Los pajaritos se esconden bajo los techos… ¿es una señal?

 

No, no son conscientes que serían testigos y víctimas de un tornado de categoría F5, el peor que el hemisferio sur recuerde. El cambio no tarda; llega de improvisto, sorprendiéndolos. Un cielo de todos colores, una tormenta nunca antes vista y un viento tan fuerte que hasta los sueños se llevó.

Exactos 7 minutos duró el tornado. 7 minutos de confusión, incertidumbre, gritos, desesperación, sirenas, llantos, miedo y sangre. Lo que empezó con papeles volando, siguió con autos y vacas viajando por el cielo, techos que se arrancaban como la cáscara de una mandarina, troncos de árboles que parecían burbujas. No era diferente a una escena de una película estadounidense que relata el fin del mundo.

El oeste de San Justo es protagonista de este feroz fenómeno natural. Los otros puntos cardinales lo viven como espectadores, cual obra de teatro. En el centro de la ciudad ni se enteran qué les sucedió a sus vecinos. Claro, los comentarios y súplicas por ayuda llegaron tan rápido como el viento y toda la localidad se unió para salvar lo que queda bajo los escombros.

 

Los sanatorios se abarrotan de heridos y fallecidos. Gente que reclama atención, profesionales que hacen lo que pueden y personas ajenas a la medicina toman coraje y calman dolores. Se estima que hubo entre 60 y 80 fallecidos, de todas las edades y géneros. El tornado fue poco selectivo, se llevó consigo lo que encontró a su paso.

Y otra vez la calma… pasó el viento y quedó la desolación. Se encontraron muertos bajo los escombros, casas destruidas, personas que pudieron salvarse, pero gravemente heridas, millones de pesos perdidos. ¡Qué difícil sería reconstruir los hogares y la felicidad!

Un 10 de enero para el olvido y que se recuerda cada año como una tragedia que sacudió una localidad pequeña. Pasó a la historia como el tornado más sangriento de toda América, fuera de Estados Unidos.