Personal policial escuchó detonaciones de arma de fuego y salió en busca del presunto autor de los disparos, a quien lograron detenerlo en su domicilio. Tenía en su poder una pistola y llevaba puesto un chaleco antibalas.

Posteriormente, se ordenaron peritajes balísticos sobre las armas secuestradas. Asimismo, se realizó un relevamiento de testimonios de vecinos y se analizaron las cámaras de seguridad, con la intención de determinar cuál fue el delito, su modalidad y la participación del hombre arrestado.

La fiscal de la Unidad de Investigación de Balaceras de Rosario, Valeria Haurigot, sostuvo que “las balaceras y las extorsiones, desde las más leves hasta las más graves, se organizan desde los establecimientos penitenciarios. Y eso no abarca solo a los presos más conocidos o de alto perfil, sino a toda la población penitenciaria que accede a un teléfono celular y abusa del derecho a la comunicación”.